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La Protección de contenidos: un
terreno minado
Hector D. Calabia
Todo empezó con un artículo que publicó hace
poco un especialista neocelandés. El
artículo, en inglés, se titula
aproximadamente: Un análisis de costes de la
protección de contenido de Vista. La
publicación ha tenido tal repercusión que el
autor dice estar ahora «abrumado» por las
respuestas y reacciones recibidas.
¿Y qué tiene de particular? Veamos, lo que
Peter Gutmann, el especialista en cuestión,
expone es que el próximo Windows Vista ha
modificado ampliamente los elementos básicos
del sistema operativo para ofrecer
protección a los llamados «contenidos
premium», particularmente el vídeo de alta
definición. Esta protección, a la que
califica de «excesiva», representa un coste
considerable para el «rendimiento y
estabilidad del sistema, la asistencia
técnica, y costes de hardware y software».
Esto afecta «no sólo a los usuarios de
Vista, sino a todo el sector informático,
dado que los efectos de las medidas de
protección abarcan todo el hardware y el
software que entre en contacto con Vista,
incluso si no se utiliza directamente con
este sistema operativo (por ejemplo,
hardware en ordenadores Macintosh o en
servidores Linux).
El punto es que —para conformar a los
«grandes» de la industria cinematográfica—
todos los equipos que puedan reproducir
vídeo de alta definición deben cumplir una
serie de exigencias muy estrictas para que
no pueda «escaparse» (piratearse) ningún
contenido. El nuevo Windows Vista parece
haberse plegado completamente a estas
exigencias, como deberán hacerlo todos los
fabricantes de software, hardware y
periféricos; incluidos algunos no
estrictamente informáticos, como televisores
y reproductores de vídeo.
La protección de los DVD
Como a esta altura todo el mundo sabe, la
protección anticopia de los DVD —que en su
momento se consideró “muy buena”— ha sido «crackeada»;
y hoy cualquiera puede copiar DVDs usando su
ordenador (bueno, no del todo, ya que desde
hace un tiempo se vienen agregando otras
medidas de protección, pero eso es ya otro
asunto).
La industria cinematográfica, pensando
siempre en las «pérdidas» por la piratería,
ha decidido cerrar la mano esta vez, y no
publicar películas en alta definición, que
no estén muy bien protegidas. Para ello, se
usa las protecciones llamadas AACS y HDCP.
La primera es el anticopia incorporado a los
nuevos discos Blu-ray y HD DVD, y el segundo
es un protocolo para el «paso» de las
señales por las distintos componentes del
equipo. La idea es que en ningún momento la
señal puede aparecer «en claro», sin
codificar, ya que entonces sería más fácil
piratearla.
El AACS (Advanced Access Content System)
reemplaza al CSS, que se usa en los DVD y
que ha sido superado. Es un sistema muy
complejo, que utiliza lo más reciente de la
tecnología, y con claves de protección
criptográfica muchísimo más robustas que los
del DVD común. Los DVD usan criptografía de
40 bits, mientras que los Blu-ray y HD DVD
usan de 128 bits, que es mucho más fuerte,
mucho más difícil de violar. Esto está en
los nuevos discos.
El problema es que, una vez decodificada la
señal en el reproductor de DVD, debe pasar
al menos por un cable (o por un ordenador) y
llegar al monitor o al televisor. Este paso
debe realizarse a través de un conector HDMI
(High Definition Multimedia Interface).
Ahora bien, si el productor de la película
lo exige, este paso también debe ser
cifrado. Y se hace con una tecnología de
Intel llamada HDCDP (High-bandwidth Digital
Content Protection). Se trata de una técnica
de cifrado algo menos robusta, de cuarenta
bits.
Este parece ser el «punto débil» del asunto.
Un «pirata» podría obtener un crack del HDCP,
conectar una grabadora digital al cable HDMI,
y grabar el contenido. Luego tendría que
recomprimirlo y producir un DVD máster para
duplicación. Algo nada fácil para el usuario
doméstico, ya que cada minuto de televisión
de alta definición sin comprimir ocupa unos
40 GB (gigabytes) de espacio en disco, y no
hay ningún equipo informático doméstico o
semiprofesional que pueda grabar tanto y tal
velocidad.
Pero como sabemos que todo llega (¡quien
podía decir hace diez años que hoy
consideraríamos «mediano» un disco de 100
GB!)... los estudios han decidido curarse en
salud y mantener encriptado todo el trayecto
de la señal.
¿Y qué pasa con las salidas de vídeo por
componentes y el euroconector, que también
podrían ofrecer una señal de alta
definición? Pues que si el productor no
quiere, esta señal no saldrá por allí. El
flujo de datos trae un bit especial que —si
está activado— impide que estas salidas
analógicas ofrezcan alta definición. Pueden
ofrecer el contenido en definición normal o
anularse por completo.
Una exigente «cadena de confianza»
No solo los protocolos AACS y HDCP impiden
la copia y la salida de la señal de alta
definición por las salidas analógicas, sino
que también tienen la capacidad de negarse a
pasar la señal digital a petición del
productor del DVD o de la emisión
televisiva.
Supongamos que tú conectas un televisor de
alta definición a su reproductor de discos
Blu-ray. Tendrás que hacerlo con un cable
HDMI, porque las conexiones analógicas
posiblemente no sirvan. Cuando pones un
disco en el reproductor, éste comienza un
proceso de inicialización en que se
intercambian las claves AACS (algo parecido
ocurre en los descodificadores de Digital+)
y el reproductor queda autorizado a
descodificar el disco. Este es un proceso
tan complejo que los primeros equipos
demoraban un minuto; y los más nuevos
necesitan entre 15 y 20 segundos para
hacerlo. Una vez que el reproductor está
descodificando el disco, envía la señal
digital —cifrada de nuevo, esta vez con HDCP—
al televisor. El reproducto «interroga» al
televisor y le pide sus claves HDCP. Cuando
éste responde satisfactoriamente, recién
entonces empieza a enviarle la película, que
ha sido descodificada y vuelta a codificar
al televisor. Éste descodifica el HDCP, y
presenta la peli en la pantalla.
¿Pero qué pasaría si el chip HDCP del
televisor no estuviera «autorizado», o no
fuera reconocido por el reproductor de DVD
de alta definición? Pues sencillamente que
éste se negaría a enviar la película o, a lo
sumo, enviaría una versión de baja
resolución. Si, por cualquier motivo, una de
las partes no reconoce a la otra como
autorizada a recibir ese tipo de contenido,
suspende la emisión. Es decir, en ningún
momento, se debe romper la «cadena de
confianza» (¡o de desconfianza, diría yo!)
La «revocación» de derechos y otras yerbas
Y aquí viene la parte peliaguda del asunto.
Todos los equipos están bajo la espada de
Damocles de que su autorización sea revocada
en cualquier momento, así como se revoca la
autorización de un usuario que no paga
Digital+. Si, por cualquier motivo, se
supone que los equipos con cierto chip HDCP
—que era totalmente legal hasta ese momento—
han sido «comprometidos» (es decir, que
alguien ha descifrado o se ha apoderado de
la clave), todos esos equipos pueden quedar
«revocados», y negarse a funcionar. Esto
vale para reproductores de DVD de alta
definición, televisores, monitores… tarjetas
de vídeo y ordenadores con Windows Vista.
Sí, señores y señoras. Windows Vista ha
cedido hasta el tuétano a las exigencias de
Hollywood; y respaldará a toda costa la
«cadena de confianza» del AACS/HDCP. El
problema, como todos saben, es que un PC es
un equipo muy abierto, en que todos
—programadores, electrónicos, y hasta
«chicos curiosos»— pueden meter mano. YA NO.
Vista utilizará unos controladores muy
estrictamente controlados, desde el kernel
mismo, para evitar cualquier fuga de datos.
Y aquí viene la mayor novedad:
¡Exigirá a los fabricantes de tarjetas de
vídeo y otros periféricos que modifiquen la
disposición física de sus circuitos, para
que en ninguna circunstancia pueda
«pincharse» información de ellos! Es la
primera vez en la historia que un productor
de software viene con exigencias semejantes
a la industria del hardware. Exigencias, por
otra parte, imposibles de cumplir… por más
que se esfuerce el fabricante, ¡siempre
habrá pistas de señal y puntos de soldadura
en los circuitos!
Dice Peter Gutmann, quien denunció todo
esto: «Cuando se encuentre una debilidad en
un controlador o dispositivo, Microsoft
revocará la “firma digital” de ese
dispositivo, lo que significa que dejará de
funcionar [o lo hará con capacidades muy
reducidas]... Esto significa que un informe
de un problema con un controlador o
dispositivo en particular hará que ese
elemento deje de ser viable en todo el
mundo, hasta que se encuentre un arreglo.
Hay pocos detalles disponibles, pero si es
un problema con un dispositivo,
probablemente éste se convierta en un peso
muerto una vez que su autorización sea
revocada. Si es un dispositivo antiguo cuyo
fabricante ya no está interesado en escribir
controladores para él (y en el mercado
actual la mayor parte de los dispositivos
pasan a este estado a un año o dos de la
aparición de los modelos que los
reemplazan), todos los dispositivos de ese
tipo del mundo ya no podrán usarse más».
El peso mayoritario de Windows hará también
que otros sistemas operativos, como Linux,
deberán plegarse a las exigencias de
Hollywood, o nunca podrán reproducir
contenidos de alta definición.
No es ciertamente un buen panorama para
darle la bienvenida a Vista y a la
televisión de alta definición.
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